Nubes sobre el Archipiélago Juan Fernández
Patrimonio UNESCO

Reserva de la Biósfera desde 1977: el reconocimiento que no detiene el deterioro

Noviembre 2024 4 min lectura

La UNESCO declaró el Archipiélago Juan Fernández Reserva de la Biósfera en 1977, reconociendo su tasa de endemismo del 60% a nivel de especies. Sin embargo, la presión de fauna y flora introducida sigue siendo la principal amenaza para este ecosistema único.

En 1977 la UNESCO incluyó el Archipiélago Juan Fernández en su red de Reservas de la Biósfera, reconociendo lo que los científicos ya sabían desde hacía décadas: este pequeño grupo de islas volcánicas en el Pacífico sur atesora un nivel de biodiversidad y endemismo que no tiene equivalente en ninguna otra isla de tamaño comparable en el mundo. Con un 60% de sus especies de plantas endémicas y ecosistemas únicos, el reconocimiento era más que merecido.

Qué significa ser Reserva de la Biósfera

Las Reservas de la Biósfera de la UNESCO son territorios reconocidos por su valor para la conservación de la biodiversidad y como laboratorios del desarrollo sostenible. El estatus no otorga protección legal directa —esa es responsabilidad de los estados— sino que crea un marco de colaboración internacional para la investigación, el monitoreo y la educación ambiental. Robinson Crusoe pertenece además al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas (SNASPE) de Chile como Parque Nacional.

El reconocimiento que no alcanza

Casi cinco décadas después de la designación, el estado del ecosistema es peor que en 1977. La flora invasora cubre hoy entre el 80 y el 90% del área forestal. La población de lobos marinos se recuperó, pero el picaflor rojo está en peligro crítico. Los ecosistemas de helechos arborescentes retroceden ante el avance de especies introducidas. La paradoja es evidente: el reconocimiento internacional existe, pero los recursos y la capacidad de fiscalización sobre el terreno han sido históricamente insuficientes.

Un patrimonio compartido

El archipiélago alberga a unas 900 personas en San Juan Bautista, el único pueblo del archipiélago. La economía local depende casi exclusivamente de la pesca de langosta y del turismo. La conservación del ecosistema no es solo un imperativo ambiental: es la base misma de la sostenibilidad económica de sus habitantes. Sin bosques nativos, sin fauna endémica y sin aguas limpias, la isla pierde el atractivo que la hace única.

El estatus de Reserva de la Biósfera debería ser el punto de partida de una estrategia de conservación ambiciosa, no un título honorífico. El reloj no se detiene.