Vista de la isla Robinson Crusoe, Juan Fernández
Flora Conservación

La mora y el maqui: cómo plantas invasoras colonizaron el 80–90% del bosque nativo

Diciembre 2024 5 min lectura

Rubus ulmifolius (zarza mora) y Aristotelia chilensis (maqui) han desplazado la flora endémica del 80 al 90% del bosque de la isla. Proyectos liderados por CABI y CONAF trabajan en la restauración activa de especies únicas en el mundo.

El archipiélago Juan Fernández alberga uno de los ecosistemas botánicos más singulares del planeta: un 60% de su flora es endémica, es decir, no existe en ningún otro lugar del mundo. Sin embargo, esa extraordinaria biodiversidad enfrenta hoy su mayor crisis: dos plantas invasoras han colonizado entre el 80 y el 90% del área forestal original, desplazando a las especies nativas con una eficacia devastadora.

Los protagonistas de la invasión

La zarza mora (Rubus ulmifolius), introducida involuntariamente desde Europa, forma mantos impenetrables que bloquean la luz y el espacio para la regeneración del bosque nativo. El maqui (Aristotelia chilensis), una especie del Chile continental, se comporta de forma similar: crece rápido, produce abundantes frutos dispersados por aves, y cubre el sotobosque antes de que los árboles endémicos puedan establecerse. Juntas, estas dos especies han transformado el paisaje de Robinson Crusoe en pocas décadas.

Lo que se pierde

Entre las víctimas directas se encuentran géneros únicos como Dendroseris —árboles de lechuga gigante—, Robinsonia y Rhetinodendron, todos endémicos del archipiélago. Muchas de estas especies tienen poblaciones tan reducidas que cualquier impacto adicional puede significar su extinción definitiva. Además, la desaparición del bosque nativo arrastra consigo a la fauna que depende de él: el picaflor rojo, insectos polinizadores endémicos y aves que solo anidan en determinadas especies arbóreas.

Restauración activa

El proyecto liderado por CABI (Centre for Agriculture and Bioscience International) junto a CONAF trabaja en dos frentes simultáneos: el control físico y biológico de las invasoras, y la propagación y replantación de especies nativas en viveros ubicados en la misma isla. El programa incluye la búsqueda de biocontroladores específicos para la zarza mora —insectos o patógenos que la afecten sin dañar la flora nativa— una estrategia que ha funcionado exitosamente en otras islas del mundo.

La escala del problema es enorme, pero el conocimiento existe. Lo que falta es tiempo, financiamiento y voluntad política sostenida. La flora de Juan Fernández no tiene otro lugar al que migrar.